LOS PROCESOS DE INTEGRACIÓN
Ya hace varios siglos atrás,
existían ideas integracionistas y de cooperación entre países, especialmente
entre aquellos que comparten un territorio continental en común.
En
las últimas cinco décadas del siglo XX, los fenómenos de integración se han
hecho mucho más comunes. Características más actuales del mundo, como son la
creciente globalización sobre todo en la década del 90, acompañado del
predominio de un modelo económico de libre mercado el cual se nutre del
intercambio entre los Estados-nación, ha hecho necesario adoptar medidas
tendientes a mejorar la posición negociadora frente a otros Estados. Esto
último se ha logrado por medio de los procesos de integración regional, que
permiten a los países negociar como bloque. Los casos más conocidos en la
actualidad son: MERCOSUR, NAFTA y la UE.
Cabe
destacar por sobre todos los procesos de integración conocidos, el caso de la
Unión Europea, el cual ha llegado mucho más allá de un aspecto sólo económico.
Se ha creado toda una institucionalidad supranacional, con atribuciones en
materias políticas, jurídicas, de defensa, sociales y económicas.
La
formación de este tipo de bloques nace básicamente de una necesidad funcional,
en que cada uno de los Estados que decide integrarse a un bloque, lo hace
porque ve en ello una oportunidad de aumentar el bienestar de sus ciudadanos o
simplemente por una cuestión de interés nacional. Es por esta razón que se ha
optado por analizar los procesos de integración desde la perspectiva que nos
entrega la teoría funcionalista de las relaciones internacionales, la cual
parte del supuesto de la incapacidad del Estado moderno de satisfacer las cada
vez más complejas necesidades de interés nacional. Para colmar esa carencia,
propone la creación paulatina de una red de organizaciones internacionales que
irían asumiendo la gestión de sectores concretos (agricultura, energía,
defensa, por ejemplo). Se gestaría así un sistema aterritorial de transacciones,
encargado de satisfacer -con la colaboración de los gobiernos estatales- las
necesidades de los ciudadanos. Así, poco a poco, surgiría entre los Estados, la
conciencia de estar vinculados a los demás por una red cada vez más densa de
intereses en común. De este modo se produciría una paulatina transferencia de
las lealtades desde los Estados hacia las distintas organizaciones
supranacionales. Mediante este método, y a partir del desarrollo de la
conciencia de las ventajas de la cooperación internacional, se eliminarían las
actitudes ultra nacionalistas irracionales que según el funcionalismo son las
causantes de los conflictos internacionales violentos.
El
caso específico de la Unión Europea, por considerarlo como el proceso de
integración más exitoso que se ha llevado a cabo desde de la Segunda Guerra
Mundial, pudiendo observar en él una evolución permanente que fortalece cada
vez más la unión del continente europeo, lo cual desde una perspectiva
funcionalista, es lo que se necesita que suceda a nivel mundial para así lograr
una definitiva paz mundial por medio de la creación de una federación de
Estados mundiales.
Se
observa una clara tendencia hacia el aumento de la interdependencia en las
relaciones –principalmente económicas- entre los Estados, lo que se ha
traducido en una creciente oleada de proyectos de integración, los cuales por
una u otra causa han evolucionado de formas muy diferentes, tema que
pretendemos abordar en el desarrollo del presente trabajo.
Los procesos de integración
regional
Origen de los
procesos de integración regional
Desde mediados del siglo XIX, hasta la
Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña en su carácter de gran potencia mundial,
había sido el eje dominante del comercio internacional, que sin estar
institucionalizado se hallaba basado en el librecambio, debido a su economía
fuertemente dependiente del comercio exterior, es decir, un sistema sin trabas
comerciales y barreras arancelarias importantes, que no tenía tampoco obstáculos
serios para el movimiento de los factores de la producción - trabajadores y
capitales- y convertibilidad de las monedas al patrón oro, siendo la principal
la libra esterlina.
Al terminar la Primera Gran Guerra,
Gran Bretaña, a pesar de haber sido uno de los países triunfadores de la
contienda bélica, a raíz de la pérdida de poder ocasionado por los esfuerzos
de la guerra, empezó a dejar de ser el centro de la política internacional.
Esto impactó en las relaciones económicas internacionales, diluyéndose
gradualmente en líneas generales el sistema liberal del comercio internacional.
La Gran
Depresión de 1929 y la crisis económica mundial que se desató con tal motivo,
acentuó la decadencia del sistema comercial, por lo que los gobiernos ya sea por
estrategias o para proteger sus economías internas de la recesión, se volcaron
a un nacionalismo económico proteccionista, utilizando como instrumentos la
elevación de los aranceles aduaneros y la fijación de limitaciones a la
importación.
En 1930, Estados
Unidos promulga la ley Smooth Hawley por la que se aumentan los aranceles de
900 artículos. Gran Bretaña a su vez, abandona el patrón oro en 1931 y en 1932
aprueba la Ley de Derechos de Importación, con lo que acaba con un siglo de
libre comercio. El comercio internacional descendió de tal manera que a fines
de 1932 el volumen del intercambio de manufacturas había bajado un 40 %.
Ante estas
circunstancias, a partir de 1934, al ratificar la Ley de Acuerdos Comerciales
Recíprocos, Estados Unidos -potencia ascendente- comienza a aplicar una
política comercial basada en la negociación de acuerdos bilaterales de comercio
con determinados países, que básicamente consistía en la apertura de los
mercados mediante la reducción de aranceles por productos, a cambio de un
trato equivalente o recíproco, es decir, utilizando el principio de la
reciprocidad.
Otro
principio que reinstauran los Estados Unidos en ese período, es el principio de
la "Nación más favorecida", que provenía del siglo XVII y que
significa que cualquier preferencia que otorgara un Estado contratante a un
tercer país, es automáticamente extendido a las otras partes que firmaron el
tratado con dicha cláusula[1].
El
"bilateralismo" sustituye así al "libre cambio" como forma
predominante de las relaciones económicas internacionales y se caracteriza por
el aumento significativo de los aranceles aduaneros y el establecimiento de
restricciones cuantitativas a los intercambios internacionales, fijándose
topes a la importación de cada mercadería. Se instaura el monopolio estatal
sobre el comercio exterior, el control de cambios y la no convertibilidad de
las monedas nacionales, de suerte que si un Estado tenía un saldo acreedor al
final del ejercicio respecto de otro, no podía emplearlo en la adquisición de
productos o en saldar cuentas con terceros países. En una palabra, el comercio
se realizaba en compartimentos estancos entre los Estados.
El
"bilateralismo" subsistió hasta el termino de la Segunda Guerra
Mundial. Al concluir ésta, emergen en
la escena internacional como potencias excluyentes los Estados Unidos y la
Unión Soviética, lo que trae aparejado que por primera vez en la historia, el
centro de decisión político mundial deja de ser Europa y se traslada a un país
americano y a otro euroasiático. Se conforman dos bloques ideológicos con sus
respectivas "esferas de influencias”.
Los Estados
Unidos, siguiendo la visión liberal de sus gobernantes, pregonan la
reconstrucción del mundo de posguerra, lo que para ser posible, desde el punto
de vista económico, debía estar estructurado en un trípode institucionalizado.
De esa
manera, en 1944, en Bretton Woods (EE.UU.) se crean el Banco Internacional de
Reconstrucción y Fomento, y el Fondo
Monetario Internacional, que van a estar dentro de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) como organismos especializados.
La función
del Fondo era la regulación de la balanza de pagos de los países que
solicitaran auxilio financiero a dicha institución, cuando se encontraran con
déficit; los préstamos se concedían por plazos breves -un año a un año y
medio-. A su vez, la tarea encomendada al Banco consistía en sostener la tasa de inversión principalmente de los
países destruidos por la guerra para reconstruirlos, y posteriormente fue la de
ayudar a los países en desarrollo; los créditos que otorgaba eran,
lógicamente, a largo plazo (diez años en adelante).
La tercera
pata del trípode era la institucionalización y regulación del comercio
internacional. Para estos efectos, entre 1946 y 1948, a instancias del Consejo
Económico y Social de la ONU, se realizaron sucesivas Conferencias en Londres,
Nueva York, Ginebra y La Habana, con la intención de crear una Organización
Mundial del Comercio (OMC) con la finalidad de quitar las barreras que los
estados habían puesto al comercio internacional, principalmente desde la
crisis de los años 30.
La versión
final de la OMC se elaboró en La Habana en 1948, pero dicho tratado no fue
ratificado por los Estados -solo Australia y Liberia lo ratificaron- y por ende
no entró en vigor. En Estados Unidos, el principal escollo se dio por las
diferencias que existían entre los proteccionistas, que se agrupaban en torno
al Departamento de Agricultura y el Congreso y los defensores del libre
comercio del Departamento de Estado, influenciados por Cordell Hull[2].
Así, no viendo posibilidad de ratificación del tratado en el Congreso, el
presidente Truman ni siquiera lo presentó para su tratamiento.
Como era
sumamente difícil conformar una organización internacional del comercio, el Poder Ejecutivo y el Departamento de
Estado de los Estados Unidos, con un conjunto de países occidentales deciden en
1947 en Ginebra -antes de la Conferencia de La Habana- crear el Acuerdo General
sobre Tarifas Aduaneras y Comercio (GATT), como un acuerdo de regulación de las
relaciones comerciales entre las partes firmantes, con el objetivo de
liberalizar el comercio de bienes manufacturados, con la reducción progresiva
de los aranceles aduaneros, usando como herramientas los principios de la
"Nación más favorecida" y la "reciprocidad". Recién en la
Ronda Uruguay del GATT en 1994, se establecieron los cimientos que dieran
origen a la Organización Mundial del Comercio, dependiente de las Naciones
Unidas, que comenzó a regir a partir de enero de 1995.
A partir del GATT, la diferencia con
relación al período de entre guerra, estuvo basada en el hecho de que el trato
de la nación más favorecida no se daba en forma bilateral, sino multilateral.
Es decir, que todos los firmantes del GATT se comprometían a otorgarse mutuamente
dicha cláusula de manera automática y por medio de negociaciones comerciales
entre los Estados -generalmente los de mayor poder económico-, reduciendo
recíproca y progresivamente los aranceles aduaneros, siendo el método empleado,
producto por producto. Así, cuando un país concedía una reducción arancelaria
de un X % sobre determinado producto a otro, automáticamente esta rebaja se
extendía y beneficiaba a todos los demás Estados partes. A la vez, los Estados
ya no podían elevar dichos aranceles, en virtud de lo que se llamó la
"consolidación de los compromisos”
Sin embargo,
por el Art. XXIV del GATT, se admitió la excepción de la aplicación de la
cláusula de la nación más favorecida, cuando dos o más países decidieran profundizar
su integración económica a través de una Zona de Libre Comercio o una Unión
Aduanera, sin que las reducciones arancelarias entre ellos se trasladasen a
los otros Estados componentes del GATT.
Ahora bien,
estas excepciones están autorizadas en la medida en que no se altere, en lo
sustancial, el nivel de protección con terceros Estados; en tal situación, si
un tercer Estado considera que la zona de libre comercio o la unión aduanera
afecta el nivel de protección consolidado en el GATT, le es permitido
solicitar "compensaciones".
En
conclusión, en este marco regulatorio económico internacional, haciendo uso del
Art. XXIV del GATT, se cobijan los procesos de integración económica regional,
siendo el primero de ellos el proceso iniciado en Europa en el año 1950, que ha
dado origen también al derecho de integración regional
.
A medida que
el proceso europeo se iba perfeccionando, los demás Estados empezaron a
percibir los procesos de integración como una nueva forma de encarar el
desarrollo económico, buscar la paz y fortalecer el poder de negociación
internacional, y nacen así, en el continente americano, el Acuerdo de Libre
Comercio para América Latina y el Caribe en 1960, el Mercado Común Centroamericano
en 1960, el Pacto Andino en 1969, y en Europa, la Asociación Europea de Libre
Comercio en 1959, entre otros (Tussie, 1991: 4).
Concepto de integración:
Existen
básicamente dos formas de establecer relaciones internacionales en materia de
intercambio comercial, a saber: la cooperación que incluye acciones destinadas
a disminuir la discriminación, como es el caso de acuerdos internacionales
sobre políticas comerciales y la integración que comprende medidas conducentes
a la supresión de algunas formas de discriminación, como lo es la eliminación
de barreras al comercio; es este último concepto de integración el que nos
interesa para efectos del desarrollo de este capítulo.
Partiendo
desde lo más básico, la palabra integración viene del latín, integratio – onis,
que según el diccionario de la RAE[3]
significa acción y efecto de integrar o integrarse, constituir las partes un
todo, unirse a un grupo para formar parte de él.
Entrando más profundamente y desde
una perspectiva de relaciones internacionales, se utilizarán dos definiciones
de integración, las cuales son complementarias y ayudarán a una mejor
comprensión del fenómeno al que nos referimos en el presente capítulo.
León
Lindberg define la integración como “los procesos por los cuáles las naciones
anteponen el deseo y la capacidad para conducir políticas exteriores e internas
clave de forma independiente entre sí, buscando por el contrario tomar
decisiones conjuntas o delegar su proceso de toma de decisiones a nuevos
órganos centrales”[4]. Por su parte Jorge Mariño
dice “se entiende por proceso de integración regional el proceso convergente,
deliberado (voluntario) –fundado en la solidaridad-, gradual y progresivo,
entre dos o más Estados, sobre un plan de acción común en aspectos económicos,
sociales, culturales, políticos, etcétera”(Mariño, 1999: 112).
Cabe preguntarse -antes de
profundizar más en lo que contempla un proceso de integración-, el cómo se
constituye el deseo o la voluntad de los Estados de pasar a formar parte de una
comunidad más amplia, llegando inclusive a ceder parte de su soberanía. Frente
a esta interrogante se puede responder básicamente de dos maneras: 1 “la causa de este proceso radica en
el empleo de la fuerza, o en la amenaza de usarla, por parte de una autoridad
central... o, en ausencia de esta autoridad, como ocurre en la vida
internacional, por un Estado o coalición dotados de poder suficiente para
utilizar la fuerza o dar credibilidad a la amenaza de hacerlo... 2 “la formación de comunidades
políticas se debe fundamentalmente a la acumulación de valores e intereses
compartidos, una situación a la cual se llega a través de la interacción entre
sus distintas unidades, y por procedimientos consensuales” (Wilhelmy, 1988:
56). En este estudio nos centraremos en los procesos que se llevan a cabo según
esta última perspectiva.
Características de los procesos de
integración:
Jorge
Mariño (1999: 113) ha establecido ciertas características esenciales a todo
proceso de integración regional, las cuales mencionaremos a continuación con la
finalidad de establecer una generalización. Estas características son:
Ø Los sujetos
son los Estados soberanos.
Ø Los Estados
emprenden el proceso integrador en forma voluntaria y deliberada
Ø Como todo
proceso –aún más, con la complejidad del caso al que se hace referencia- se
debe avanzar por etapas, es decir, el proceso debe ser gradual.
Ø Las etapas
deben ser cada vez más profundas y dispersas; de allí la necesidad de la
progresividad y la convergencia del proceso.
Ø Por último,
el proceso de integración se inicia con acercamientos económicos, pero
lentamente y dependiendo de cada proceso –conforme a lo estipulado por los
Estados miembros-, la agenda va abarcando e incluyendo nuevos temas de las
áreas sociales, culturales, jurídicas, y hasta políticas de los países
miembros.
Tipologías de integración:
La tipología que expondremos a
continuación, cabe dejar claro, es de carácter político. Si bien es cierto,
nuestro análisis se centrara principalmente en los aspectos económicos de los
procesos de integración, es de suma importancia considerar los factores
políticos que influyen en la evolución del proceso, como condicionantes de su
éxito o fracaso. Vemos en lo anterior, la importancia de mencionar esta
tipología.
Haciendo referencia a una variedad
de factores entre los cuáles se pueden mencionar el nivel de integración, el
alcance de la integración, la homogeneidad cultural de las distintas unidades y
la calidad de los beneficios que se obtienen de la integración, Gianfranco
Pasquino (1981: 814) ha esbozado una tipología de la integración, en la que
establece tres tipos: territorial, nacional y social; cada una de las cuales se
explicarán a continuación:
- Integración
territorial
Es
básicamente, la extensión del poder de un grupo hacia un territorio
anteriormente fraccionado. Esto implica la transferencia de la obediencia desde
las distintas regiones y desde los distintos grupos a las autoridades
centrales. Esta integración puede producirse de diversas modalidades y su
objetivo no es sólo la creación de una unidad central fuerte, sino la
construcción de un mercado único, el establecimiento de un código jurídico
común, un sistema de transporte unificado y un sistema tributario extendido a
todos los grupos. Es posible distinguir tres modelos de integración
territorial: la conquista, aquí nos
encontramos frente a un centro que toma la iniciativa del proceso de
integración con el uso de la fuerza en la mayoría de los casos; la fusión, es un proceso lento de
acercamiento progresivo entre los diversos grupos geográficamente contiguos, lo
cual se puede ver facilitado por la percepción de valores e intereses comunes;
y la irradiación, requiere la
existencia de un símbolo central aceptado por todos los grupos como punto de
referencia, además de una considerable homogeneidad étnica y la necesidad de un
período prolongado, de manera que las capacidades del sistema se expandan al
mismo ritmo que la tasa de movilización y de las expectativas de los grupos.
- Integración
nacional
Se
refiere al proceso de creación de una identidad común a todos los grupos
étnicos, lingüísticos, religiosos y regionales con el fin de que se sientan
parte de la misma comunidad política. Mientras el proceso de integración
territorial consiste principalmente en imponer obediencia, el proceso de
integración nacional consiste en la aceptación, por parte de la población, de las
órdenes provenientes de las autoridades centrales porque se consideran
legítimas, por tanto, el proceso de integración nacional recibe un fuerte
influjo del proceso de integración territorial. La creación de un consenso
mínimo sobre algunos valores fundamentales, y especialmente sobre la aceptación
de algunos procedimientos para la resolución de los conflictos, resulta muy
relevante. Es evidente que el proceso de arreglo y solución de conflictos se ve
facilitado entre otras cosas, porque la movilización de las masas esté
estrictamente controlada por las élites de los distintos grupos y que por otro
lado dichas élites se pongan de acuerdo; además la existencia de estructuras
partidistas capaces de mediar en los conflictos y de agrupar los intereses, el reclutamiento
de los funcionarios públicos y los magistrados de manera proporcional entre los
distintos grupos, así como una economía en expansión, son todos elementos que
permiten una solución positiva del proceso de integración nacional.
- Integración
social
Se
refiere a la superación de la divergencia entre élites y masas, entre
gobernantes y gobernados. Esta divergencia no adquiere importancia política
mientras las masas acepten como justo el gobierno de las élites. La divergencia
entre élites y masas no se debe solo a una desigualdad de acceso al poder, sino
que depende también de la desigualdad en la instrucción y en el nivel de
conocimientos y de la dificultad de las comunicaciones; su superación requerirá
intervenciones complejas y múltiples. Si las élites logran mantener siempre un
justo equilibrio entre la necesidad de dar una guía y una orientación a la
sociedad y la apertura a los deseos de las masas y a los líderes elegidos por
éstas, la divergencia tenderá a reducirse; la superación de las divergencias,
por lo tanto, está fuertemente condicionada por la calidad del liderazgo. A
medida que avanza la integración, aumenta la disponibilidad de los individuos a
trabajar unidos por la consecución de objetivos comunes.
Entendiendo
que la topología descrita anteriormente explica los procesos políticos por los
cuales se articula la voluntad política como condición necesaria pero no
suficiente para llevar a cabo la integración, asumimos que esta ultima
entendida como un acto de voluntad política, trae consigo consecuencias de
carácter económico que varían a medida que se avanza en el grado de
integración. Aquellas consecuencias a que se hace referencia, serán descritas a
continuación.
Clasificación de la integración según sus
grados:
Tomando en cuenta que la integración
es un proceso, el cual pasa por diversas etapas en forma paulatina y
progresiva, es posible establecer una clasificación según el grado de
integración, donde cada una de las etapas o grados tiene ciertos rasgos
esenciales que la distinguen tanto de la etapa inmediatamente anterior como
posterior. Existe un consenso más o menos amplio en la literatura que trata el
tema respecto de cuáles son las etapas por las que pasan los procesos de
integración. Para efectos de este estudio, se hará referencia a la
clasificación que hace Bela Balassa quien establece 5 etapas o grados de
integración, además se agrega una etapa preliminar llamada área de preferencias arancelarias a la cuál haremos referencia
según la definición de Ricardo Basaldúa[5].
- Zona de
preferencias arancelarias
Es
un acuerdo entre varios Estados, mediante el cual se comprometen a brindar a
sus respectivas producciones un trato preferencial en comparación al que se
otorga a terceros países, es decir, se conceden diversos grados de rebajas
arancelarias en el comercio recíproco. Esta área se puede dividir a su vez en
tres: área de preferencias arancelarias
propiamente dichas, donde las
concesiones son exclusivamente a los derechos aduaneros que gravan la
exportación e importación de mercaderías; área
de preferencias aduaneras, donde no sólo se limitan a las restricciones
arancelarias, sino que puede contemplar también otros tributos aduaneros, que
se aplican con ocasión de la exportación o la importación, pudiendo contemplar
tanto restricciones directas como indirectas; y áreas de preferencias económicas, que abarcan aspectos que no son
más de naturaleza aduanera, pero que hacen un tratamiento discriminatorio de la
mercadería extranjera una vez que ésta ha sido importada[6].
Este es un grado de integración sumamente
superficial por lo que hay autores que no lo consideran como tal. A pesar de
esto, se ha estimado igualmente válido mencionarlo como un primer paso hacia lo
que pudiera ser un proceso posterior de integración mucho más amplio.
- Zona de
libre comercio
Consiste en
que los Estados partes acuerdan suprimir las tarifas arancelarias y otras
barreras o restricciones cuantitativas al comercio recíproco de bienes, pero
conservando cada uno de ellos autonomía e independencia respecto de su comercio
con terceros Estados. Para llegar a una
Zona de Libre Comercio se fijan plazos, condiciones y mecanismos de
desgravación arancelarios. La mira está puesta en las "medidas de
fronteras" entre las partes, con el propósito de incrementar los flujos de
los intercambios recíprocos. Como en el acuerdo de libre comercio surge el
problema del control de las importaciones de extra zona, los Estados partes
deben implementar instrumentos que tiendan a establecer el origen de los
productos, y de esa forma diferenciar entre los bienes que se generan en la
zona y los que provienen de otras latitudes, ya que los productos que se deben
beneficiar con el acuerdo son los originarios de los Estados partes, evitando
la triangulación que significaría el ingreso de productos del exterior a la
Zona a través del país que cobra los aranceles más bajos; esto se obtiene por
medio de lo que se denomina "cláusulas de origen", las cuales deben
ser muy precisas y severas.
C.
Unión
aduanera
Implica un proceso en el que los estados
participantes, además de liberar las corrientes comerciales por medio de la
desgravación arancelaria entre ellos, adoptan frente a terceros países una
política arancelaria común o tarifa externa común.
ARNAUD[7]
(1996: 25) señala que la unión aduanera perfecta debe reunir las siguientes
condiciones: 1) la completa
eliminación de tarifas entre sus Estados miembros, 2) el establecimiento de una tarifa uniforme sobre las
importaciones del exterior de la Unión y 3)
la distribución de los ingresos aduaneros entre sus miembros conforme a una
fórmula acordada.
De acuerdo a
lo anteriormente dicho, los Estados que integran una unión aduanera, además de
reducir las tarifas aduaneras entre sí hasta llegar a cero, adoptan un arancel
externo común, en forma gradual con plazos y listas temporarias de excepciones
que normalmente son diferentes según el desarrollo económico de los Estados
partes, en relación a los productos que importan de países de fuera de la zona.
Los derechos
de importación obtenidos por el arancel externo común, a su vez, deben ser
distribuidos entre los Estados miembros, para lo cual deben definir el mecanismo
para ello. Por otra parte, al existir un arancel externo común, se eliminan las
normas de origen, por lo que una mercadería de procedencia extranjera,
ingresada legalmente por cualquier repartición aduanera, previo pago del
impuesto común que se haya fijado, tiene libre circulación por el espacio
geográfico de los países socios de la unión aduanera. Otro dato importante de
mencionar es respecto de la forma de negociación con el exterior, la cuál debe
hacerse necesariamente en bloque.
D.
Mercado
común
En la etapa del mercado común, los
países miembros que componen la unión aduanera le agregan la posibilidad de la
libre circulación de personas, servicios y capitales sin discriminación, por tanto, se establece la libre circulación
de los factores productivos.
En el mercado común, no hay aduanas
internas ni barreras tarifarias entre los Estados partes; se lleva a cabo una
política comercial común, se permite el libre desplazamiento de los factores de
la producción (capital, trabajo, bienes y servicios), es decir, las cuatro
libertades fundamentales de la comunidad, y se adopta un arancel aduanero
exterior unificado.
Por lo tanto, la legislación de los países
miembros debe unificarse o armonizarse con el objeto de asegurar las
condiciones de libre concurrencia en el ámbito del mercado interior común. Las
normas no sólo deben perseguir la supresión de las barreras que impiden el
libre ejercicio de las cuatro libertades que fueran mencionadas (barreras
aduaneras, físicas, técnicas, comerciales, restricciones monetarias, etc.),
sino también de aquéllas que son consecuencias de prácticas restrictivas de
reparto o explotación de los mercados imputables a las empresas (reglas de
competencia).
La armonización de las legislaciones sobre
las áreas pertinentes, la coordinación de las políticas macroeconómicas y el
establecimiento de reglas comunes aplicables de manera uniforme no solamente a
los Estados participantes, sino también a las personas físicas y jurídicas que
en ellos habitan, generan normas que son fuente de derechos y obligaciones para
unos y otros.
E.
Unión
económica
La unión económica se da cuando los
Estados que han conformado un mercado común, le incorporan la armonización de
las políticas económicas nacionales, entre ellas, las políticas monetaria,
financiera, fiscal, industrial, agrícola, etc., con la finalidad de eliminar
las discriminaciones que puedan hallarse de las disparidades entre las
políticas nacionales de cada uno de los Estados que la componen.
Como son objeto de la integración todas
las actividades económicas en el ámbito espacial de la unión económica –entre
ellas la política financiera-, la concertación de una política monetaria común
lleva a la creación de un banco central común y finalmente a la adopción de una
moneda común, con lo que se perfecciona una unión monetaria.
F.
Integración
económica completa
Este es el mayor grado de profundidad al
que puede aspirar un proceso de integración y se produce cuando la integración
avanza mas allá de los mercados, porque en el transcurso de este proceso, los
Estados involucrados tienden no solo a armonizar, sino a unificar las políticas
en el campo monetario, fiscal, social, etc., y más allá incluso, en cuestiones
relativas a las políticas exteriores y de defensa.
En esta instancia de integración, se
requiere del establecimiento de una autoridad supranacional cuyas decisiones
obliguen a los Estados miembros. Algunos autores afirman que este grado de
unificación sugiere la desaparición de las unidades nacionales, por la
absorción de las partes en un todo, como es definida la palabra “integración”
de acuerdo al diccionario de la RAE.
BIBLIOGRAFIA
Arnaud, Vicente. MERCOSUR, Unión Europea,
NAFTA y los procesos de integración regional, Aboledo-Perrot, 1996,
Argentina.
BARBÉ, Esther Relaciones Internacionales, Tecnos, 1995, España.
Bobbio, Norberto Diccionario de política,
Siglo Veintiuno Editores, 1981, México.
CECCHINI, Paolo La Unión Europea:
eficacia y democracia, McGraw-Hill, 1994, España.
CELARE América
Latina – Unión Europea. Mas allá del 2000, Ediciones CELARE, 1997,
Argentina.
Deutsch, Karl Análisis de las
relaciones internacionales, Editorial PAIDOS, 1990, Argentina.
Deutsch, Karl El
Nacionalismo y sus alternativas, Editorial PAIDOS, 1971, Argentina.
Adolfo
Barrera Fuentealba
Licenciado en Ciencias
Políticas y Gestión publica
[1] Dicha cláusula se basa en el principio de la no discriminación, es
decir, todos los países que firmaron dicha cláusula deben disfrutar del status
de “país más favorecido”.
[2] Secretario de Estado del presidente Roosevelt, defensor del libre
comercio, considerado como la figura de mayor respeto y públicamente popular en
todos los gabinetes del presidente Roosevelt, gana el premio Nóbel de la Paz en
1945.
[3] Real Academia Española de la Lengua.
[4] Lindberg, Leon. The political dynamics of european economic integration, citado por Dougherty, James en Teorías en pugna en las relaciones
internacionales, 1993, p 445.
[5] En términos generales, en esta parte del trabajo –letras A a la F- nos
basaremos en los lineamientos sugeridos por Balassa en The teory of economic
integration, 1961, p 1-3. y Basaldúa en En torno al derecho de la
integración, 1996, p 4. estos lineamientos serán complementados por la
opinión de otros autores.
[6] Basaldúa, Ricardo En torno al derecho de la integración, citado
por Mariño, Jorge en La supranacionalidad en los procesos de integración
regional, 1999, p 115.
[7] Citando a Viner en MERCOSUR, Unión Europea, NAFTA y los procesos de
integración regional, 1996, p 25.
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